Luego de 48 días, Mauricio Macri volvió a brindar una conferencia de prensa. La última vez había sido en Cachi, Salta, el día en que vetó la ley anti-tarifazo que el Congreso a instancias de la oposición había sancionado un día antes. Esta vez, en Olivos, el Presidente se explayó durante treinta minutos en los que la economía -la inflación y las exportaciones, ante todo- estuvieron en el centro de su discurso que comenzó puntualmente a las 18.

Macri contestó 10 preguntas de diferentes medios, elegidos por sorteo. El jefe de Estado insistió con en reiteradas oportunidades con ideas-fuerza a las que se abrazó con disciplina.

Eligió hablar numerosas veces de “tormenta”, para referirse a la coyuntura económica; de la creación de “trabajo”, de las “exportaciones” como motor de la economía y de “futuro”, la palabra que más repitió en su discurso. También insistió con números positivos de empleo.

“El objetivo es bajar la inflación. Domarla no fue tan fácil como pensábamos, pero bajará más de 10 puntos el año que viene y el año siguiente estará en un dígito”, pronosticó el mandatario. Esa fue la definición más contundente de la conferencia, con cerca de 70 periodistas acreditados, la más populosa desde su asunción en 2015 y que desnudó la expectativa que despertaba su palabra.

Sereno, sin corbata y serio -solo hizo un chiste en la conferencia-, el Presidente fue categórico cerca del final, para alejar fantasmas de crisis terminales. “Esta tormenta no nos va a llevar a una crisis parecida a las del pasado”, sentenció.

Una y otra vez, Macri eligió dar ejemplos que sirvan para ratificar el rumbo económico. "El crecimiento este año va a disminuir, pero el año que viene volveremos a crecer", apostó. Consideró que será por las exportaciones producidas en las economías regionales. “Con la minería, con la agricultura, con la industria automotriz, con el turismo estamos generando trabajo en todo el país”, advirtió. En tanto, ratificó la alianza estratégica con Brasil y admitió que el acuerdo entre la UE y el Mercosur está “trabado”.

La segunda pregunta y la penúltima fueron las más incómodas para el Presidente. Lo interrogaron sobre las denuncias por presuntos aportantes “truchos” a la campaña de Cambiemos en 2017. “Seguiremos aportando datos a la Justicia y haremos una auditoria. Además, hemos propuesto una ley de financiamiento de la política para que se bancaricen los aportes”, salió del paso. Fue su respuesta más breve.

En primera fila lo secundaban el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el vicejefe, Mario Quintana; el secretario General, Fernando de Andreis; su vocero, Iván Pavlovsky; y el secretario de Comunicación, Jorge Grecco.

De pie lo siguió la primera dama Juliana Awada.

Los funcionarios esperaban más preguntas políticas y sobre la oposición. Acaso por eso, cuando le preguntaron sobre inflación, Macri eligió hablar de la negociación por el Presupuesto. “Hay temas que están discutiendo entre el ministro (Nicolás) Dujovne y (Rogelio) Frigerio y los de las Provincias, ese diálogo seguirá con los diputados”, señaló.

En la misma semana en que su socio radical Gerardo Morales pidió suspender la baja de retenciones, Macri rechazó esa opción. “Sacamos las retenciones, porque tenemos que exportar y generar trabajo. Las retenciones no son inteligentes y destruyen el futuro”, dijo antes de señalar el impuesto a las Ganancias como una mejor herramienta distributiva. No rechazó, en cambio, suspender algunos puntos de la reforma tributaria. “Esa es la discusión que acaba de comenzar. He hablado con gobernadores y senadores de la oposición. Va a haber un nivel de responsabilidad inédito”, se entusiasmó.

Con los despedidos de Télam en la puerta de Olivos y ante una mención sobre ellos de parte de un periodista, el Presidente apoyó sin fisuras la decisión del titular del Sistema de Medios, Hernán Lombardi.

También evitó desmentir a su aliada más polémica, Elisa Carrió, que había dicho que el Presidente habilitó la discusión por el aborto legal en el Congreso, porque le habían garantizado que no sería aprobado. Eludió la pregunta, pero aseguró que abrió el debate, porque “la Argentina debía hacerlo”.

Por último, apeló al discurso motivacional dirigido a la oposición, a los sindicatos, a las universidades y a la ciudadanía. “La actitud tiene que ser otra: desde qué lugar voy a hacer mi aporte para ayudar a que otro argentino tenga otra oportunidad”, concluyó.