Shay Eliaz es Strategy Partner de la consultora global Deloitte. Tiene base en Nueva York y entre sus clientes actuales hay numerosas compañías químicas y de los agronegocios, pero su currículum también incluye años de experiencia en otras industrias como la automotriz y la aeroespacial. Actualmente trabaja junto al Foro Económico Mundial analizando políticas vinculadas con el futuro de la alimentación y la producción de alimentos.

-¿Cuáles son los desafíos urgentes del sistema agroalimentario?

-Se estima que la población mundial superará los 9 billones de personas para 2030, y debemos ser capaces de alimentarlas. Actualmente no lo estamos logrando, hay cerca de 800 millones de personas que se van a dormir con hambre. Producimos mucho más de lo que necesitamos, el problema es que el 40 por ciento se pierde tras la cosecha. A su vez, la población crecerá mucho más en los centros urbanos que en el campo. Toda esa gente que se muda a las ciudades adopta dietas con más azúcares, más proteínas, más calorías. Pero se está viendo que el exceso de estos componentes en la dieta está vinculado con problemas en la salud. Una dieta balanceada debe contener proteínas, vegetales, hidratos de carbono. Es decir, hay una tendencia que indica que se necesitará más proteína y otra que dice que se necesitará menos.

-¿Qué rol cumple la tecnología en este escenario?

-En el aspecto tecnológico están sucediendo cosas fascinantes que parecen ciencia ficción. Desde el lote, desde el aire, desde todos lados está surgiendo tanta información que hoy prácticamente se puede identificar a cada planta del lote. En el pasado, si pensabas que una planta necesitaba más agua, regabas el lote entero. Hoy se puede apuntar con precisión al lugar específico donde deben llegar los insumos. Estos avances también se podrán trasladar a las necesidades de cada una de las personas. Por ejemplo, gracias a la biotecnología se podrá producir bananas con más potasio, manzanas con más vitamina C o D. Imaginate si se puede cultivar cebada que sea gluten free, habrá cerveza apta para celíacos, lo cual provee un enorme valor agregado.

-¿Cómo afecta al agronegocio la fusión de grandes compañías que se dio en los últimos años?

-En los próximos dos años las empresas estarán ocupadas en ver cómo se adaptan a la nueva situación. Por ejemplo, Bayer y Monsanto tienen dos culturas muy diferentes. No solo porque una es alemana y la otra norteamericana, sino también por la forma en la que piensan en la innovación, la disposición al riesgo de cada compañía, la forma en la que abordan el mercado y los productores. Entonces, tienen un gran desafío por delante en lograr funcionar como una sola compañía. La industria, en los últimos años estaba estructurada alrededor de seis grandes compañías: Monsanto, Dow, Dupont, Syngenta, Bayer y Basf. Ahora, tras las fusiones están las grandes tres (Tier 1), con Bayer-Monsanto probablemente con la mayor capacidad, pero ChemChina-Syngenta también es una combinación muy poderosa, y Corteva (unión de Dow y Dupont) es el otro gran jugador. Esos tres grandes tienen una enorme capacidad tanto para semillas como para protección de cultivos, biológicos y agricultura digital. Después, en una segunda línea está Basf, mirando a las Tier 1 pensando “ahí es donde deberíamos estar”. Y luego vienen las Tier 2, que rondan facturaciones de 2 o 3 billones de dólares anuales.

-¿Cómo resuelven las compañías el dilema de que una agricultura más sustentable es aquella que usa menos químicos, lo cual se traduce a largo plazo en menores ventas?

-Lo que cambiará es el modelo de negocios. En el pasado, el negocio se basaba en el volumen, cuánto más se vendía, mejor el negocio. Hoy está cambiando a la venta del producto, la venta de servicios, la venta de capacidades. Ya no está puesto el foco solo en los insumos que necesita el productor sino en sus necesidades más globales: alcanzar los mejores rendimientos por el menor costo y con la mejor calidad. Cuando el pensamiento y el modelo de negocios cambia, las compañías empiezan a enfocarse en el resultado del productor y no en sus consumos.

-¿Cómo comparás el nivel de inversión en investigación y desarrollo de la agroindustria respecto de otros rubros?

-Si hablamos del porcentaje de los beneficios que es invertido en I+D por las Tier 1, debemos decir que es una buena inversión. En los últimos cinco años hubo un enorme crecimiento de inversiones hechas por fondos y por capitales privados en el AgTech, y eso habla de un destino interesante para el sector.