Consolidar los puentes entre el mundo del software y la tecnología digital, con la biotecnología y la agroindustria abre un enorme potencial de desarrollo para el horizonte del agro y de la Argentina. Es un eje en el que coincidieron Juan Pablo Tripodi, presidente de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, y Mariano Mayer, secretario de Emprendedores y Pymes del Ministerio de la Producción del Gobierno nacional, en un mano a mano con Clarín Rural que se realizó en el Foro Agtech de Inversiones, que se desarrolló este martes en la Bolsa de Comercio de Rosario.

“Lo interesante es que desde hace un tiempo se empezaron a comunicar esos mundos. Antes pasaba que había mucha innovación en el agro y también en el sector del software, pero costaba conectarlos. Ahora vemos que en Rosario, Tandil, Córdoba y Mar del Plata, entre otras ciudades, surgen proyectos de robótica, Internet de las Cosas y tecnología vinculados al agro”, destacó Mayer.

Y contó algunos ejemplos. Las mejores aceleradoras del mundo en agrobiotecnología están invirtiendo en startups argentinas como Beeflow, que utiliza la polinización de las abejas para aumentar el rendimiento de frutas y cultivos (el caso testigo se realizó con kiwis en Mar del Plata y la cosecha aumentó un 90%).

“El campo argentino tiene una larga tradición de innovación, de primer nivel mundial, pero con las nuevas tecnologías hay una oportunidad de acelerar esta tendencia, no solo para aumentar la productividad y exportar alimentos, sino también, como sucede en Rosario, para ser productores mundiales de tecnología, talento y conocimiento”, planteó Tripodi.

Está convencido de que la Argentina se puede convertir en líder en Agtech (tecnología agrícola), como proveedora global de servicios para la agroindustria. “Es que tenemos las dos cosas: la producción y el conocimiento. En el país, el primer sector exportador es el complejo oleaginoso, el segundo el clúster cerealero y el tercero es el de los servicios basados en el conocimiento”, recordó.

En su visión, los primeros dos años de la actual gestión fueron de “normalización” (un proceso que va desde eliminar las trabas para exportar a reconstruir las estadísticas), una condición mínima para construir confianza y atraer inversiones.

Ahora es el momento de desarrollar ese flujo potencial de inversiones -indicó Tripodi-, que implica juntar a los emprendedores, las grandes empresas y los científicos, y enfocarlos en el campo, que representa el 60% de las exportaciones argentinas. “Que estén todos en la misma mesa”, insistió.

Se trata de desarrollar un ecosistema de innovación y que no solo se asienta en el talento de los jóvenes. “Estamos por lanzar un programa de emprendedores + 50, como una prueba piloto, porque es gente que tiene mucho talento y experiencia, lo que se dice muñeca para manejar en el barro, que a veces les falta a los que están comenzando”, concluyó Mayer.