La epidemia de roya amarilla que afecta al trigo sembrado este año en Argentina es la mayor desde 1930, según el ingeniero agrónomo de la Fauba, experto en enfermedades, Marcelo Carmona.

El especialista disertó durante la primer expo de fungicidas y barbechos, Nexo Lares, realizada en Pergamino.

Puntualmente, dijo que en 1930 se dio la epifitia más grande del país, que volvió a ser tan importante recién este año, pese a que siempre fue una enfermedad con presencia en el sudeste de Buenos Aires.

En alerta

Cabe recordar que los primeros ataques en esta campaña fueron reportados a inicios de septiembre. “Alerta por aparición repentina de roya amarilla en trigo. Nunca vimos un ataque así tan de golpe”, señaló, por ejemplo, la Guía Estratégica para el Agro (GEA) en esa oportunidad.

Para mediados de ese mes, la Bolsa de Cereales de Córdoba señaló que casi toda la provincia estaba afectada y su par de Entre Ríos declaró el alerta rojo por esta situación, mientras reportes del Inta Marcos Juárez y del Laboratorio de Fitopatología de la Universidad Católica detectaban casos de reincidencia tras aplicaciones de fungicidas.

Esto último fue ratificado semanas después por la regional de Villa María de Aapresid, que aseguró que tuvieron que aplicar hasta tres dosis de estos agroquímicos en algunos lotes.

Alto peligro

Según Carmona, el hongo que produce la roya amarilla es un patógeno de alta capacidad migratoria, con mucha variabilidad genética y con alta adaptación a temperaturas más altas.

Una de las características que la diferencian es que ataca más temprano que otras royas y es la enfermedad más grave del trigo a nivel mundial, ya que tiene la capacidad de secar a la planta, cosa que no hacen las otras royas.

Todo esto lleva a que las decisiones de control deban ser tomadas sin tener en cuenta los estados fenológicos de la planta. Hojas inferiores infectadas siguen enfermando las hojas superiores en forma muy agresiva, ya que una pústula produce unas tres mil esporas por día durante varios días.

Recomendaciones

Para trabajar sin parámetros de estado fenológico, es necesario construir umbrales a partir de la planta enferma, justificándose la inversión en fungicidas a partir de umbrales bajos, ya que llegar tarde con esta enfermedad es causante de reinfección segura del cultivo.

Para Carmona no deben atrasarse las aplicaciones pues el avance interno de este hongo es muy destructivo y, por ello, se debe proceder al monitoreo de los lotes de trigo desde muy temprano.

Por ejemplo, mencionó que la detección temprana de los focos de roya amarilla dispuestos en “manchones amarillentos” podrían ser indicativos directos para planificar el uso de fungicidas en lotes con genotipos susceptible y ocurrencia de rocío o lluvias que aseguren mojado.

Asimismo, sugirió planificar el control químico, porque es probable que también se deba manejar químicamente a la roya anaranjada y/o roya negra, además de manchas foliares del trigo.

Carmona recomendó aplicar mezclas de al menos dos principios activos con diferente mecanismo bioquímico de acción. Por ejemplo, mezclar estrobilurinas más triazoles, que no sólo será eficiente en el manejo de roya amarilla sino también para otras royas y manchas.

Fuente: La Voz