La tragedia desnuda la crisis del relato y de la política de Cristina, por Eduardo Van Der Kooy

Clarín 29/02/2012 | 11:02 (actualizado hace 880 días)

Se viene advirtiendo desde el amanecer del segundo mandato de Cristina Fernández una crisis en el relato kirchnerista...

La tragedia ferroviaria de Once, que dejó 51 muertos, acaba de dejar al descubierto otra cosa: aquella crisis abarca también a la política del Gobierno.

Si esas debilidades multiplicadas del poder no le ocasionan aún mayores trastornos, salvo un progresivo mal humor social, no habría que atribuirlo a virtudes suyas sino al vacío inconmensurable que deja la oposición.

Los equívocos kirchneristas no son muy distintos a los de los opositores. La diferencia, de talla, consiste en que los K acaparan todos los resortes de la administración desde hace mas de ocho años. Pero el anuncio efectuado ayer, de intervenir por 15 días de modo “preventivo, cautelar y transitorio” al grupo Cirigliano, que concesiona los trenes de TBA, estaría denunciando la recurrente improvisación kirchnerista.

Tal vez, esa improvisación quede disimulada por una oposición que se mueve como un barrilete agitado por ráfagas de viento. Mauricio Macri continúa sin intervenir en cualquier duelo que se plantea con Cristina. Fue la vicejefa, María Eugenia Vidal, quien cuestionó la huida y el silencio K luego de la tragedia en Once. Cada vez que se endurece, Hermes Binner padece las consecuencias: de nuevo La Cámpora y la organización conducida por Luis D’Elía se encargaron de vapulear al socialismo en el acto del lunes en Rosario por el bicentenario de la Bandera. Allí la Presidenta refirió a la tragedia por primera vez después de un prolongado mutismo.

Otra parcela de la oposición quedó enredada por la estrategia oficial sobre Malvinas. Parte de esa oposición –que por ese tema también se dividió– compartió con el kirchnerismo en Ushuaia un documento de reivindicación de la soberanía del archipiélago y de críticas a la militarización de la zona dispuesta por Gran Bretaña. Apenas un día después del acto conjunto, la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, prohibió el amarre en la isla de dos cruceros británicos. La escalada con Londres volvió a registrar así otro pico de tensión.

¿Sólo una casualidad? La palabra kirchnerista, a esta altura, parece tornarse insostenible. Los discursos de las últimas horas (Cristina en Rosario; Julio De Vido y Juan Pablo Schiavi, el secretario de Transporte, al comunicar la intervención) despertaron asombro y perplejidad.

La Presidenta habló de respetar el dolor por la tragedia en Once. “Sé lo que es la muerte y el dolor. No tolero a los que quieren aprovecharse de tanta tragedia. No esperen de mi actos demagógicos y menos aún ante la muerte. Con la muerte no”, advirtió enojada.

Unos minutos antes, en el arranque del acto, había pedido a la multitud rosarina que “no la abandone, que la abrace en estos momentos difíciles como lo hacía Kirchner, que ya no está”. Invocó la muerte del ex presidente, renovó el luto y el dolor. ¿No pudo ser acaso una pincelada demagógica? De Vido y Schiavi tampoco se quedaron rezagados. El ministro de Planificación llamó a la sociedad a comprender que el Estado deberá modificar el sistema ferroviario.

Pareció un recién llegado al poder o un habitante de otro planeta.

De Vido, junto con Carlos Tomada, el titular de Trabajo, es de los funcionarios mas antiguos del kirchnerismo.

Schiavi, por su parte, solicitó paciencia a la sociedad. Un crédito político que, en verdad, nadie tendría por qué razón concederle. La intervención en TBA incluirá una disminución en los servicios del Sarmiento, que serían compensados con micros.

Los usuarios seguirán sufriendo.

Los anuncios de De Vido y Schiavi revelaron como pocas veces la ausencia de planes oficiales –en este caso– en materia ferroviaria. Hay episodios, en esa chapucería, que no se podrían olvidar. El célebre proyecto del Tren Bala, que fantaseaba con unir Buenos Aires, Rosario y Córdoba. La reposición de “El Gran Capitán” a Misiones, que marcó récords de fracasos hasta que hace poco fue cedido también al Grupo Cirigliano. El tren binacional con Uruguay cuyo recorrido, por falta de pasajeros, debió ser alterado. La meta es ahora Salto, no Paysandú. José Mujica, el mandatario uruguayo, ya le retiró el subsidio que le concedía a esa experiencia compartida con la Argentina.

Otro aspecto inexplicable de la intervención anunciada sería el plazo de quince días.

¿Por qué motivo un lapso tan exiguo? A lo mejor, para no contradecir la instrucción de Cristina del lunes, cuando instó al juez que actúe rápido. Ese juez es Claudio Bonadio. Según la Presidenta, las pericias en marcha no podrían extenderse más de 15 días. Luego llegaría su determinación final que será adoptada, según prometió, sin que le tiemble el brazo.

Resulta complicado desentrañar qué vinculo podría existir entre el peritaje judicial y su decisión política. ¿Aguardar, quizás, que el juez concluya que la tragedia pudo ser desencadenada por una falla humana y no por un servicio desquiciado?. ¿ Darle otra oportunidad al grupo Cirigliano, viejo socio de Carlos Menem y desde el 2003 de los Kirchner? Las pistas que hasta ahora ha reunido Bonadío no serían beneficiosas para el grupo concesionario.

La celeridad que reclama Cristina a la justicia suena justificada. Pero sus estándares no resultan siempre equivalentes. La Presidenta ha despotricado contra las medidas cautelares, en especial aquellas que demoran cuestiones que interesan al Gobierno, como un artículo de la ley de medios. A modo de contrapartida, cada denuncia de corrupción que atañe al kirchnerismo acostumbra a extraviarse en los meandros de la Justicia. Y cuando se agotan los atajos, emerge el juez K dilecto, Norberto Oyarbide. Ese camino parecen tomar las investigaciones que comprometen a Amado Boudou, por su supuesto lazo con un testaferro de la empresa Ciccone Calcográfica.

Todas las alusiones de Cristina, en realidad, buscarían evadir el corazón del dilema. La existencia de viejos problemas irresueltos que, en el segundo período, empiezan a estallar en sus narices como bombas de agua.

Los ferrocarriles son, apenas, uno de esos viejos problemas.

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MATE COCIDO | 29.02.2012 18:21
VAN DER COOL LOS QUE YA PADECIERON LA MENTIRA DEL RELATO SON LOS GRUPOS MONOPOLICOS DE DESINFORMACION, ACORDATE QUE EN DEMOCRACIA LO QUE IMPORTA POR SOBRE TODO EL LA POBLACION QUE SE EXPRESO LAMENTABLEMENTE PARA LOS CORRUPTOS CON EL 54%,SE NOTA QUE LA RETIENEN ADENTRO
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