
La tendencia a la baja que debiera estar trazada según la oferta del norte que viene en camino no se define del todo. Se oyen rumores de todo tipo, pero no se establece una línea firme.
Obviamente, todos notamos que, de a poco, los valores decrecen. Después de sucesivas caídas, tienen subas esporádicas, es cierto. Pero lo llamativo es que se presentan rebotes interesantes.
Da la impresión de que el mercado mundial sigue a la espera de novedades, como sospechando que puedan presentarse imprevistos, que no han sido estimados en lo más mínimo.
De esta forma, los pisos se deslizan en baja, suavemente. De forma muy aquietada.
¿Podemos ensayar una respuesta? Es posible que el mercado de granos gruesos aguarde sorpresas por el lado de la demanda. Al menos se nota una expectativa creciente.
Pero hay algo más: todavía no está claro qué puede pasar con el clima en EE.UU. Siguen los temores de posibles heladas tempranas que “achicharren” los granos.
Y el miedo no es menor dado que el desarrollo de la soja viene lento. Unas heladas en los próximos días causarían un efecto superior al histórico.
En cuanto al maíz norteamericano, el desarrollo continúa retrasado y no logra recobrar el ritmo de años anteriores. Está en un escalón inferior al promedio de los últimos cinco años y las temperaturas más bajas demoran su desarrollo.
En el mercado doméstico los operadores se preparan para una prolongada siesta, cuando comience el cese de comercialización de granos y ganado que determinó la Mesa de Enlace, hasta el 4 de septiembre.
El paro está listo par arrancar. Sería por una semana, pero hay quienes quieren extenderlo todavía más.