En una lucha que ha cobrado más relevancia tras reportar la incautación récord de 358 toneladas métricas de productos químicos prohibidos en 2022, un año en el cual Brasil cosechó cerca de 300 millones de toneladas de cereales.

La Policía Federal de Caminos (PRF) de Brasil ha registrado un aumento notable en los volúmenes de pesticidas ilegales incautados en los últimos ocho años.Productos prohibidos como el herbicida Paraquat y los insecticidas tiametoxam y benzoato de emamectina son los más comúnmente confiscados por las autoridades.El comercio paralelo de pesticidas, que según algunos informes representa alrededor del 20% del mercado brasileño, plantea serios riesgos para la cadena de suministro de granos y la seguridad alimentaria.

Las prácticas ilegales incluyen el contrabando, robo y adulteración de productos, con delincuentes utilizando estructuras cada vez más sofisticadas, incluyendo empresas fachada y documentos fraudulentos.Los pesticidas adulterados pueden devastar los cultivos, ya que suelen estar compuestos por productos químicos de menor valor comercial.Además, el mercado paralelo de pesticidas conlleva graves riesgos para la salud humana, evidenciado en productos con concentraciones de ingredientes activos muy por encima de los límites legales permitidos en Brasil.

Brasil, un jugador clave en el mercado global de pesticidas, importa estos productos químicos principalmente de países como China e India.El país es un mercado importante para gigantes de la industria como Syngenta, Basf y Bayer.En respuesta a este creciente problema, una nueva ley fue promulgada el año pasado, imponiendo penas más severas para la producción, almacenamiento y distribución de pesticidas ilegales.Esta ley llega en un momento crítico, coincidiendo con un aumento significativo en las incautaciones de pesticidas ilegales, que se han triplicado en los últimos ocho años.

La lucha contra el comercio ilegal de pesticidas en Brasil es crucial no solo para la seguridad de su producción agrícola masiva, sino también para proteger la salud de la población y la integridad de su rica biodiversidad. Con la promulgación de leyes más estrictas y el incremento en las operaciones de incautación, Brasil está tomando pasos significativos para enfrentar este desafío.