El inicio de la campaña 2018/19 no sólo está consolidando el retorno de la rotación de cultivos, con la inclusión de gramíneas en invierno, sino que también está agregando más hectáreas con una secuencia altamente intensificada que aporta aún más sustentabilidad al sistema productivo.

Se trata de la combinación trigo-soja sobre rastrojos de maíz, que se está convirtiendo en una suerte de “vieja-nueva” tendencia en el sudeste cordobés, según reconocieron ante Agrovoz el asesor privado y miembro de la regional Los Surgentes-Inriville de Aapresid, José Luis Zorzín; y el experto en trigo del Inta Marcos Juárez, Jorge Fraschina.

Esta “amistad” de los cereales “es algo viejísimo”, señaló Zorzín. “Lo hacíamos antes de 2008, cuando todavía había rotaciones estables y empezábamos a avanzar con la intensificación, hasta que llegaron las retenciones Ahora se está haciendo mucho más, sobre todo quienes tienen campo propio y pueden obtener una buena rentabilidad”, manifestó el ingeniero agrónomo, socio de la consultora “Más Hectáreas”.

Fraschina coincidió en que “se venía utilizando en el sudeste desde hace tiempo pero la caída de las expectativas con el trigo derrumbaron todo; ahora, sin retenciones y con el problema de excesos hídricos de la últimas campañas, se ha vuelto a hacer en lugares con gran oferta de agua y ambientes de alta productividad”.

Beneficios

La posibilidad de hacer una “doble cobertura” de los lotes es una de las principales ventajas que tiene este tipo de estrategia. Pero más allá de la cobertura, es un ejemplo de por qué el concepto está mutando hacia cultivos “de servicios”.

En este caso, estos servicios que presta el trigo detrás del maíz son por lo menos tres: elevar el aporte de carbono al suelo para incrementar el desarrollo de materia orgánica; ayudar al combate de las malezas reduciendo a la vez la aplicación de herbicidas; y extraer agua, transformándola en grano.

“Además de lo agronómico, es un planteo que tiene sustentabilidad económica: resulta un buen negocio hacerlo cuando hay excesos hídricos o napas altas, porque estás transformando el agua en materia orgánica para el suelo y en un cultivo que no sólo sirve como cobertura sino que deja dinero”, valoró Fraschina.

Para Zorzín, lo que hay que mirar es la productividad. “Con una rotación del 33 por ciento, es dos cultivos por año; acá estás haciendo tres”, indicó.

Entre los productores que asesora, estimó que un 30 por ciento ya está realizando esta combinación, aunque aclaró que predominan los que tienen campo propio. Bajo alquiler, los números son más ajustados.

Cuidados

De cualquier manera, tanto Fraschina como Zorzín acordaron en que avanzar con una secuencia trigo-soja sobre maíz requiere de numerosos aspectos a prestar atención.

El primero, la calidad de implantación. “No es lo mismo que sembrar sobre soja; los rastrojos de maíz son muy voluminosos. Si la implantación no es buena, la semilla puede que no llegue al suelo. Y hay que elegir variedades con adaptación a cambios bruscos de temperatura; por ejemplo, el trigo sufre más las heladas en un planteo así”, consideró el experto del Inta Marcos Juárez.

Zorzín agregó la necesidad de corregir la deficiencia de nitrógeno por la captura de este nutriente que hace el rastrojo de maíz. Este es uno de los ítems que lleva a los productores pensar dos veces esta estrategia ya que requiere de una mayor inversión en la aplicación de fertilizantes. “El rastrojo de maíz inmoviliza mucho nitrógeno; por eso, hay que poner un plus en el trigo”, resumió Fraschina.

Alternativos

La necesidad de intensificar las rotaciones para hacer más sustentable la producción ha provocado también que se multipliquen los ensayos para incluir otros cultivos invernales en la secuencia.

Zorzín relató, por ejemplo, que en General Roca está una de las chacras que armó la Red de Cultivos de Servicios de Aapresid para estudiar el aporte que pueden efectuar otras semillas, como avena, trébol, vicia, rabanitos, colza, cebada, raigrás o mezclas (blend) de varias.

Más al sur, Lucas Andreoni es asesor del Grupo Crea Melo-Serrano y miembro de la regional Laboulaye de Aapresid, y lidera numerosos proyectos que evalúan también la potencialidad de estos cultivos alternativos.

“Es algo en lo que estamos trabajando en la zona hace cuatro años y genera cada vez más interés en los productores. Hay conciencia de que la agricultura en la que veníamos trabajando, si bien nos ayudó a crecer en tecnología, nos hizo descuidar un poco los suelos y el sistema terminó colapsando, con la proliferación de malezas y plagas resistentes, y los déficits de nutrientes”, sostuvo Andreoni, titular de la consultora BioRed.

Y continuó: “¿Cómo regeneramos esto? Dándole vida al suelo. Para eso hay que aumentar las rotaciones, no sólo con cultivos, sino introduciendo especies que sean bioestimulantes de la microflora y la micro fauna, y que aporten más nutrientes”.

Entre ellas, Andreoni destacó los excelentes resultados que están arrojando los ensayos con trébol persa. “Es notoria la explosión de crecimiento que tiene y la cantidad de materia seca aérea y de raíces que aporta; compite contra las malezas y en su descomposición libera mucho nitrógeno para que aproveche el maíz”, remarcó.También subrayó los blend de semillas.

“Empezamos mezclando hasta 17 especies y ahora estamos trabajando con cuatro o cinco. En uno tenemos avena, vicia, trébol persa, colza y coliandro. Básicamente, estamos imitando la naturaleza: en ecosistemas equilibrados, cada especie gana su espacio y le aporta al sistema lo que cree conveniente para su bienestar”, comentó.