Tenemos el gobierno, pero todavía no tenemos el poder". Desde que aparecieron señales de que la recuperación económica es irreversible y, sobre todo, desde que Cambiemos obtuvo un triunfo contundente en las elecciones primarias, Durán podría autorizar un poco más de audacia. La vida pública argentina está operando sobre la hipótesis de que Macri, además de terminar su mandato, podría hacerse reelegir. Con independencia de su mayor o menor verosimilitud, esa expectativa rige hoy los comportamientos de los principales actores en escena. El Presidente no necesitó convalidar su éxito el 22 de octubre. Muchos jueces, sindicalistas, senadores o gobernadores del PJ se le subordinan sin esperar ese resultado. Algunos kirchneristas, propietarios de medios de comunicación, se están sumando a la carrera. La dirigencia nacional, con su irrefrenable propensión caudillocéntrica, respira aliviada. Encontró en Macri un nuevo jefe.

Macri no demora en asumir el lugar que le asignaron. Como cuando conminó a los "jueces amigos" de Julio De Vido a avanzar sobre el ex ministro, ayer estuvo a punto de atribuirse la caída judicial del sindicalista Juan Pablo "el Pata" Medina. Ante un grupo de industriales, aclaró lo que era obvio: "Lo que ocurrió ayer en La Plata no es un accidente; es parte central de aquello por lo que estamos batallando". En la sala aplaudía un empresario farmacéutico ultrakirchnerista, que compartió algunas aventuras inmobiliarias con Amado Boudou. El inconfundible fervor de los que acaban de enamorarse del cambio.

El Presidente aludió a algo casi obvio. Al tétrico Medina se le acabó la protección. El prepotente imperio de este gremialista aumentó en los últimos años al amparo de magistrados polémicos, como el desplazado César Melazo. Tuvo afinidades policiales gracias a que su esposa, Fabiola García, perteneció a la bonaerense. Y disfrutó de la complicidad de los políticos. En especial del ex intendente Pablo Bruera. Y del quinto candidato a diputado de la lista de Cristina Kirchner: Daniel Scioli. Medina, igual que el empresario Diego Buraco, era uno de los nexos de Scioli con el negocio de la construcción.

A Medina le pasó algo peor que quedar a la intemperie. Fue puesto en la mira por los nuevos titulares del poder. En marzo del año pasado, María Eugenia Vidal notificó al secretario general de la Uocra, Gerardo Martínez, que con "el Pata" se había terminado la tolerancia. Martínez, conteniendo la sonrisa, aclaró que no tenía motivos para defenderlo. Hoy Martínez relevará la conducción de la seccional platense de su gremio.

Sería un error, sin embargo, atribuir a Vidal la embestida contra Medina. ¿Influyó en que la peripecia del sindicalista no fuera "un accidente" la vieja simpatía de Macri con el juez federal Luis Armella, que ordenó la detención? El Presidente conoció a este magistrado cuando era jefe de gobierno. Armella, antiguo ahijado del duhaldista Eduardo Caamaño, investigaba irregularidades en la agencia que administra la cuenca Matanza-Riachuelo, de la que la ciudad forma parte. El juez todavía agradece el llamado solidario que recibió de Macri la vez que Cristina Kirchner lo vapuleó por cadena nacional.

Con independencia de la simpatía de Macri con Armella, el jefe de la seccional platense de la Uocra es uno de los cinco blancos sindicales que el Gobierno ya se había fijado en marzo de 2016. Los otros eran Hugo Moyano; Omar "Caballo" Suárez, también en prisión; Roberto Baradel y Víctor Santa María. Dos dirigentes aseguran que José Luis Lingeri, "Mr. Cloro", fue informado sobre estos objetivos por su antigua amiga Silvia Majdalani, segunda de la AFI. Para Macri el caso Medina llegó al límite hace una semana, cuando su funcionario preferido, Marcos Peña, debió suspender una recorrida por obras de La Plata para evitar ser agredido por las bandas del sindicalista.

Antes de ver a Medina, rodeado de policías y fumando su narguile, muchos sindicalistas ya se habían allanado al nuevo poder. El más precipitado fue Lingeri. Apenas Macri le quitó el control de las obras sociales, "Mr. Cloro" emitió un aviso publicitario con alabanzas al Gobierno. Ayer, mientras su compañero Medina caía preso, él participó de un acto de campaña con el Presidente y la gobernadora. Pasado mañana quizás aparezca en un timbreo. Lingeri es la estrella de Belén que guía a toda una corriente: detrás de él van los sindicalistas del transporte, de comercio, sanidad y el resto de "los Gordos". "Cloro", sin embargo, tiene una motivación particular: el temor a quedar salpicado por los oscuros contratos de Odebrecht en la empresa AySA, que él controló durante el kirchnerismo. Es posible que Macri termine influyendo en las derivaciones judiciales del escándalo Odebrecht, que inquieta a su primo hermano Ángelo Calcaterra. Sobre todo, si las causas se unifican en el juzgado de Marcelo Martínez de Giorgi. Hoy ese juez comparte las investigaciones con dos colegas antipáticos para el oficialismo: Daniel Rafecas y Sebastián Casanello. Martínez de Giorgi, otro adelantado, pidió el control total del caso, en coincidencia con la Oficina Anticorrupción. En Comodoro Py atribuyen el monitoreo de estos movimientos al penalista Alejandro Pérez Chada. Es el abogado del Presidente; del director de la AFI, Gustavo Arribas, y de Daniel Angelici. Lo llaman "el ministro". Habladurías.

Aunque los resultados electorales permitieron a muchos jueces reorientar las velas en dirección al nuevo viento, Macri no es el factor determinante de la dinámica de Comodoro Py. Esos movimientos se entienden mejor a la luz de la interna peronista. Temerosos del Presidente, pero, en especial, de una Elisa Carrió fortalecida, los magistrados buscan protección en el PJ antikirchnerista. Es el que lideran Miguel Pichetto. Juan Urtubey, su hermano, el senador Rodolfo, y Diego Bossio, entre otros. Esos dirigentes tienen la llave del Consejo de la Magistratura, donde se decide la suerte de los jueces. A magistrados como María Servini, Rodolfo Canicoba, Claudio Bonadio o Ariel Lijo les resulta comodísimo entenderse con esos dirigentes peronistas. Ellos provienen, por distintas vías, de la misma agrupación. Si no existiera esa afinidad, Pichetto y su grupo cuentan con otra llave para los tribunales federales: Javier Fernández, el representante del PJ parlamentario en la Auditoría General de la Nación. Fernández ha sido un decisivo gestor en Comodoro Py en los últimos 25 años. Había quedado sin jefe cuando la señora de Kirchner jubiló al tenebroso Antonio Stiuso.

Esta alianza parlamentario-judicial es importantísima. La interna peronista se libra, antes que nada, en los tribunales. El senador Pichetto es el rival más visible de la futura senadora Kirchner. La ex presidenta podría mirarse en el angustiante espejo de Julio De Vido. El ex ministro advirtió el desamparo hace un par de meses. Fue cuando el juez Lijo, hermano de Alfredo Lijo, que fue su principal gestor en los tribunales, comenzó a derivar hacia otros juzgados las causas que lo tenían a él como acusado. De Vido llegó a la conclusión que se le escuchó una tarde ya lejana al célebre "Beto" Imbelloni en la ranchada de Devoto: "El problema de tener amigos jueces es que los jueces fallan".

De Vido, tal vez, cometió el error de no acercarse al nuevo fogón del peronismo, como sí lo hizo el ex titular de la Aduana Ricardo Echegaray, a través del ex senador Nicolás Fernández. Este divertido santacruceño es un viejo amigo de Ricardo Lorenzetti. La señora de Kirchner debería preocuparse por la cercanía de Echegaray con sus rivales internos. Echegaray es un archivo que camina. Aunque ella enfrenta un peligro más inmediato: la aceleración de las causas por el acuerdo con Irán y la muerte de Alberto Nisman. ¿Puede algún juez pedir al Senado que la ex presidenta no asuma su banca antes del 10 de diciembre?

La judicialización de la puja peronista puede ser un problema para Macri. Por un lado, porque le impide controlar la situación de una aliada tácita pero indispensable, como Cristina Kirchner. Por otro, porque los peronistas antikirchneristas, con los que está negociando su agenda económica, bloquearán cualquier renovación en los tribunales. Es decir: harán que Macri no pueda satisfacer la mayor demanda de la hoy poderosísima Carrió.

La adaptación de la elite a un nuevo mando también se verifica en el negocio de los medios. Cristóbal López estaría por vender su conglomerado, con C5N a la cabeza, a los Terranova. Es la familia mendocina de Orly Terranova, militante de Pro muy vinculado a Nicolás Caputo, el mejor amigo del Presidente y un viejo negociador con López, sobre todo en materia de juego. Los Terranova controlan un portal de noticias. Y avanzan en licitaciones de obra pública con su constructora. López y su socio, Fabián de Souza, están envueltos en una pesadilla judicial. Como Echegaray, no están para solidaridades con su antigua jefa. Además, en Chubut, siempre fueron radicales.

Sarmiento sostuvo en el Facundo que, lo que en otras sociedades se conoce como "sistema", en la Argentina es uno que manda y los demás que obedecen. Con la consolidación de Macri, sindicalistas, jueces y empresarios están reencontrando el centro de gravedad. La casa está en orden.